Aprender a Actuar

Martes, 19 Agosto   

Se nos hace que el teatro es una construcción. Una construcción de signos en los productores para una construcción de sentido en el espectador. Comprendido desde la actuación, se nos aparece como una construcción sensible, catártica, lúdica, de fuerte compromiso corporal, endócrina, altamente adictiva.

Y esto porque en el actor coinciden el instrumento y el instrumentista. De allí la paradoja, el oxímoron; el desborde y la sutileza del despliegue actoral; el salvajismo y la extrema delicadeza de su situación pedagógica.

Así como la experiencia escénica nos entreteje la vida personal, el cuerpo y la vida psíquica de la escena se nutren del otro cuerpo y la otra escena, la cotidiana, convertida en fuente de alimentación. Parece que debemos seguir aprendiendo a movernos en ese umbral, en esa cambiante intersección de dimensiones y mundos.

Aprender a resistirnos a una mística sesentista de la actuación, pero a la vez aprender a ritualizar, a saltar por sobre la banalidad del producto y la euforización barata del receptor. Y dejar para el teatro sólo aquello que no puede hablarse de otra manera. Porque, si puede devenir literatura o plasmarse en un dibujo ¿para qué voy a complicarlo todo forzándolo a construirse en lenguaje teatral, que es tan difícil?


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